Como aguita florida es una instalación de diez pinturas que reproduce a gran escala los objetos de un botiquín andino: pomadas, ungüentos, infusiones, hojas de coca, manguito de Pica, semillas de huayruro. Productos que sirven para sanar — no solo el cuerpo, sino también lo energético, lo espiritual, aquello que no se manifiesta necesariamente como síntoma visible. La obra se instaló en la vitrina de Galería Hifas, en el Barrio Yungay de Santiago, confundiéndose deliberadamente con los negocios del barrio. Cualquier transeúnte podía convertirse en espectador sin saberlo. Esa confusión es parte del proyecto: la vitrina como escaparate comercial y al mismo tiempo como espacio de sanación, los objetos cotidianos del norte reproducidos en pintura para enfatizar su valor estético y su confiabilidad curativa. Estos objetos pertenecen a un imaginario del norte altiplánico — ese norte que tiene más que ver con Bolivia y Perú que con el centro de Chile — donde los intercambios culturales nunca necesitaron ser establecidos en un tratado. La pregunta que subyace a toda la instalación es tan urgente como cotidiana: ¿qué significa buscar distintas formas de sanar en nuestro presente? La inauguración de la exposición incluyó una Phawa — ceremonia de ofrenda aymara que se realiza para agradecer, pedir permiso y abrir un espacio de manera sagrada. Sobre una mesa ritual dispuesta en el suelo, con hojas de coca, cintas de colores, láminas de oro, conchas, aguardiente y telas andinas, se convocó a las energías del lugar antes de abrir la vitrina al público. La Phawa no fue un gesto decorativo ni una performance: fue el acto que le dio sentido espiritual a todo lo que vino después.
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