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Una vitrina es un espacio de exposición por excelencia, aunque la vitrina tiene un uso ligado a lo comercial o a lo doméstico. Se supone que no son el espacio para el arte porque el estatuto artístico se relaciona más bien con lo estético en su origen, pero Galería Hifas tensiona ese supuesto. Si bien no es la primera vez que una vitrina se dispone como lugar de exhibición artística, su particularidad radica en que cualquier transeúnte puede devenir espectador si su mirada se encuentra con este gran vidrio que resguarda y delimita. La artista Natalia Montoya hace de la idea de vitrina el gatillante de su proyecto exhibitivo, puesto que decide llenarla de objetos a gran escala que se comercializan. Una serie de elementos u objetos son ofrecidos en este aparador/galería, se trata de pinturas que recrean pomadas, tés, ungüentos o alguna otra cosa que sirva para curar. Como sucede con toda vitrina, Natalia dispone sus pinturas para montar un escaparate lo más atractivo posible y al mismo tiempo confundirlo con los muchos negocios que se encuentran por el barrio. Esta confusión es un juego, una fantasía que quiere mostrar a los espectadores esos objetos cotidianos reproducidos mediante la pintura para enfatizar sus características estéticas, aquellas que lo hacen un objeto deseable para el consumo y confiable para la sanación. Los objetos a los que aluden las pinturas son parte de un imaginario, como mencioné, sirven para sanar, pero también para resolver asuntos energéticos, enfermedades que no se manifiestan necesariamente en el cuerpo, ¿cómo podemos identificarlos?, ¿Medicina no tradicional, esoterismo o tradición? Natalia es una artista que siempre vuelve al norte de este país, pero también a ese norte altiplánico al que se le habla de frontera tripartita, aunque en ahí se generan intercambios no necesitaron ser establecidos en ningún tratado. En una conversación con Natalia, a propósito de la exposición, nos dimos cuenta de que en el centro hay muy poco de norte. Y que el norte tiene más que ver con Bolivia y Perú que con el Chile en el que yo crecí, el Chile del centro. Por eso es que me tomó tiempo reconocer las hojitas de coca, el manguito de Pica y las semillas de huayruro, las que comparecen suspendidas recordándonos que en la naturaleza se encuentran varias respuestas a distintas afecciones. Entonces, esta vitrina que para la artista es una suerte de botiquín de primeros auxilios, para mi está llena de elementos en su mayoría desconocidos. Quienes se acerquen a la obra de Natalia, podrán recordar lo que estos objetos nos dicen o preguntarse qué representa todo ese arsenal curativo, ahora instalado y exhibido. Y así quizás lleguemos a pensar una pregunta tan urgente como común: ¿Qué significa buscar distintas formas de sanar en nuestro presente? Mariairis Flores Leiva, investigadora en arte contemporáneo.
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